martes, 11 de mayo de 2010

Se demuele Blog Visionario



Pues sí, no es que se demuela, que no sé cómo se hace eso, pero de que se cierra se cierra. Eso es un hecho.

Allí les dejo mi foto diciendo adiós a la manera en la que yo digo hola.

Tenía muchas fotos de muchachos que tomaba en los aeropuertos, muchos textos planeando un post y mil ideas para una posible entrada, pero no. Ya no. Por un lado no es tan fácil mantenerlo, requiere tiempo y tiempo es lo que menos tengo, apenas con el trabajo puedo.

Y por otro lado, creo que tres años y tres meses son suficientes para decir lo que se tiene que decir. Además de que esto de los blog son cosas pasajeras que como todo, algún día acaban.

Gracias a todos, toditos, todos, hasta los cabrones que nomás vinieron a cagar la verga, como aquél de los judíos, jaja.

Gracias Juanito (lo publicaremos un día), Thiaguito (no te escapas cabrón!), Angelito (queda mi beso pendiente), Patito (hermosas palabras), Mila (te quiero), Malhechecito (no tuve que agregarle el ito, siga siendo chido), "h"emito jaja (no se desespere), mendita (bájele al coraje jaja), tocayito al cuadrado (ojalá venga pa que vea que sí me acuerdo), chris (seguimos mi buen), Chesito (no sea majadero, cabrón), Angelito (el de méxico, le deseo mucho amor), Stulti (querido, querido, muchas escaleras), Ave Fenice, (que ya no supe nunca de ti, te recuerdo) y muchos más que aunque no parezca, no acabo...

Se me fue la luz, ni modo, como si no fuera ya bastante, debo acabar pronto antes de que se apague.

Perdonen que no pase a sus casas, pero algo atora estas manos que morían por hacerlo.

Si puedo dejarles algo que tal vez ni siquiera les sirva es: Vinimos a ser felices, no a otra cosa.

Los quiero, de verdad.

P.D. Esos españolitos, no se escaparán cuando vaya a su país.

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Judíos?

Bien, no quería hacer esta entrada, pero la haré. (simón).

Nota: Una vez platicando con el queridísimo Thiago por msn, no recuerdo qué me preguntó y le contesté: Simon. Y me dice, David, creo que me estás confundiendo, no soy Simón, soy Thiago, ja. Ya después le aclaré que Simon en México significaba, entre otras cosas: Sí. Vaya lenguaje el nuestro.

Bueno, el sábado que acaba de suceder asistí a una boda de judíos. Ceremonia y toda la cosa. La cosa es que nunca me di cuenta de lo que realmente sucedía en el estrado, donde estaban congregadas al rededor de 18 personas, entre rabinos, novios, padres de los novios y una decena más de quién sabe qué personalidades. Los cánticos, eso sí, emitidos por voces potentes de ancianos fuertes, son impresionantes, pero por lo demás, no me quedé con la sensación que esperaba.

Creí que vería majestuosos rituales que me erizaran la piel, pero lo que vi fue lo siguiente:
La gente platicando como si nada sucediera allá arriba. Mascando chicle, hablando de quienes estaban en la otra butaca (hombres por un lado y mujeres por otro), haciendo un ritual de casamiento donde los novios son envueltos en un manto en señal de que deben permanecer bajo la misma cobija siempre (eso fue lo único que alcancé a ver) y que no me pareció nada despreciable. Luego, me pareció escuchar que rompían una copa o algo de cristal que mi buen amigo Carlos me dijo que cada pedazo significaba un año de felicidad.

Entre el discurso que el novio repite de la voz del rabino hubo algo que me llamó la atención: Él le dice a ella que la respetará y le proveerá de lo necesario para vivir (en ese momento pensé a qué se referían con lo necesario, a decir por las casas y lujos con los que vivin y dije: Chin, que bueno que no me tengo que casar con una judía, ha de salir carísima, y que bueno, por otro lado, que soy gay).

Bueno, si de religiones se trata yo sólo digo una cosa, y no es que yo sea muy católico, no, pero si de adorar a Dios se trata, estos no saben un carajo (espero que la persona que una vez me dejó un comentario ofensivo cuando hablé de la raza judía no se vuelva a aparecer). De alguna manera eso que hacen los católicos de incarse, de orar en silencio, de levantar la copa y las hostias para la dichosa transustanciación (se supone que la harina y el vino se convierten en cuerpo y sangre de Cristo), la bendición, el Santísimo, y un largo etcétera, me parecen, por mucho, una verdadera manera de adorar a una Beidad. (sí se dice así, ¿Juanito?) Hazme el puto favor. Deidad, gracias todos.

En la recepción, que así se le llama a la pachanga, caray, con decir que los platos eran espejos creo que digo mucho. Corrió el vino, la comida a granel y riquísimos dulces elaboradísimos, además de mucha gente guapa (reconozcamos que tienen un no sé qué que encanta). Lo que sí voy a decir es que, a diferencia de los hombres tan bien presentados, las mujeres tienen un pésimo gusto, la mayoría parecía piñata forrada con oro, y las menos, vestidos ralos que en algo la cagaban, y no es que yo sepa mucho de moda, la verdad, pero hay cosas que resaltan a la vista.

No critico la cultura, que para eso con la mía basta, pero en lo personal siento que ideológicamente, son una sociedad que no se identifica en realidad con ningún dios. Creo que, al menos, es lo que sucede en este país, sin ir más allá, que no puedo opinar.

sábado, 17 de abril de 2010

Tu llegada

Qué eternas son las horas de espera a la que me sometes antes de tu llegada incesante, inaguantable; que no se soporta como el cántaro lleno de licor, que desborda esperanzas aplastadas por la no consciencia de que vendrás, que se vacía de pensamientos nulos que nacieron, como todo, para morir.

Cómo se dibujan mis huellas en el asfalto mojado, lloviendo sobre mi abrigo, pintándolo de cruces blanquecinas que al poco resbalan por los hombros hasta mis manos trémulas. El sol que se esconde detrás de las nubes, cuando arriba de ellas, si hubiera este suelo que piso, calor haría, sólo deja sabernos en medio del día que pronto morirá para engendrar la noche que te traiga de regreso.

La vida está viva. Me lo dice el agua que corre a un palmo de mis pies mojados y sin suerte. Me lo dice el árbol que se balancea como elefante sumiso ante el viento que te trae de regreso. Lo sé por mi pecho caliente como no mi cara que espera a tu regreso. A tu única llegada. Si regreso le llamamos a que vuela el sueño que siempre fue sueño hasta este momento. Y plantarse frente a mí y sonriendo decir: he llegado.

Bienvenido a mi ciudad que nunca fue tan mía como ahora, mi ciudad ahora tuya. Que clamaba por el encuentro, por un ápice tan sólo, escrito en la historia, del roce de tu mano con la mía. Porque hay historias que no deben ser leídas aunque se plasmen en la piedra.

De piedra mi cuerpo que expide el agua de la vida con la tierra de tu beso. Rocas mis labios que se vuelven migas en tu mano. Cantos voleados mis ojos derretidos en tu sexo.

Pero si llegas, llega. No sin antes saber que estando vivo me moría por verte. Ahora viéndote muero porque no te vayas. Te quiero.

jueves, 1 de abril de 2010

Matenlos a todos

Le pido a M que me mande a R y a J a Reynosa en camión, aunque él se venga después. Lo hace, pues me urgen unos trabajos. Llegarán a la 1 de la madrugada. A trabajar directamente.

De camino, subidos en un camión, fueron bajados del mismo por policías municipales para revisión de rutina.

Policía.- Ustedes dos, vengan para acá.
R.- Díganos.
Policía.- ¿A dónde se dirigen?
R.- A Reynosa.
Policía.- ¿A qué?
R.- A trabajar.
J.- Trabajamos de noche y vamos porque urgen unos trabajos para mañana.
Policía.- Sus identificaciones.

Se las entregan, luego el policía hace como que habla por radio y les dice: Estas identificaciones son falsas. Ustedes son del Salvador, o son hodureños.

Como si se pudiera fingir tan bien el acento del sur. Tan sólo con que hubieran sido de Chiapas se les hubiera notado no sólo el acento sino además otras cosas como la estatura, el color de piel, etc. Y no se trata de racismo, sino de que así es.

R.- Claro que no son falsas. ¡Son las de elector, Señor!
Policía.- Sus carteras.

Muestran las carteras, no revisan siquiera las maletas aunque preguntan por ellas. Sacan el dinero que cada uno tiene en las carteras.

Policía.- Esto nos lo vamos a quedar.

R.- Claro que no. ¿Por qué?

Policía.- Pareja, trepe a estos dos a la patrulla. Y suba también a esos de allá. Los vamos a matar y tirarlos en alguna parte. ¿Eso es lo que quieres, pendejo?

R.- Claro que no, pero nosostros no somos mojados, y vamos a trabajar, el dinero es para movernos en la ciudad porque tenemos que llegar ahorita.

Policía.- Me vale madres, compa. Tú decides...


Obviamente, debieron caminar desde la central hasta la obra. Llegaron dos horas tardes. Después de que los regañé me platicaron la historia.

Y no se puede demandar.
No odio mi país, sino a su gente.

domingo, 21 de marzo de 2010

No apto para Heteros. Martes 8:03 de la noche.

Dudo entre seguir la estela que ha dejado tu desnudez o levantar la toalla que dejaste caer sobre el mármol de la estancia. No quiero distraerme pensando que después de la ducha no tendré con qué secar el agua de tu cuerpo, de modo que levanto la toalla mientras termino de desnudarme. Los zapatos los he dejado atrás, en mis manos llevo la ropa que con dificultad he ido arrancando de mi cuerpo. Te alcanzo. Afortunadamente estás antes del cancel que divide la regadera, regulando la temperatura del agua. Vuelvo a observarte mientras retiro la última prenda que me viste, apoyado en la pared fría que también tu talón está tocando. Te reclinas hacia dentro, con un pié apoyado y otro levantado. Sigo la línea de tu pierna, no haces nada a pesar de que percibes mi presencia. Me detengo en tus nalgas, entreabiertas, dejando ver una sobra perfecta de lo que delante se dibuja.

No es la primera vez que te observo desnudo, de espaldas, pero me estremezco con un suave cosquilleo en el vientre, en mi espalda, dos nudos se deshacen como si fueran a salirme alas. No abro la boca, te dejo hacer. Observo tu cabello enredado, corto, necio y quiero enterrar mis manos como la mano que quiere sumirse en la arena de la playa, buscando el manto freático para sentir el agua salada del mar. Para dejar una línea dibujada de manos desesperadas que anduvieron por la playa. Observo tu espalda que se mueve impaciente, se contorsiona, se suaviza al meterte bajo el chorro de agua. Adelanto un paso para no perderme el momento exacto en que el agua calma tu cabello, cuando desciende por tu cuerpo como el chocolate que es derretido sobre el pastel. Tus manos en tu cabello, masajeando, indiferente a mí. Y el agua mil veces perdida, mil veces petrificada, se mueve, se detiene, corre y acaricia lo que con tanta desesperación yo muero por tocar. Yo no sé qué tiene hoy tu cuerpo que me quema de verlo. Doy otro paso, pongo mis manos en tu cintura. Siento frío del agua que salpica de tu cuerpo. Te abrazo por el estómago. Tu espalda se tensa, se vuelve arco de Juana, me deja dos contactos, uno en mi boca que siente tu nuca, otro en mi vientre que tiembla por tenerte. Sientes mi fuerza, mi lujuria. Tus manos se apoyan en la pared, agachas la cabeza. Te aprieta contra mí. Tu piel es cobija de invierno, no puedo decirlo, no lo hago, no hablo, te beso la espalda. Muchos ríos se precipitan por todo tu cuerpo, montaña. Hacia allá dirijo mis labios.

Estoy sobre mis rodillas, con mis manos en tus costados. Tú sigues de espaldas. Deposito mis labios en una de tus nalgas, para dejar huella, para marcar la meta a la que he de volver en unos minutos. Beso la línea que las divide, libero mi lengua que me lastimaba por salir, te mueves, te yergues, separas un poco las piernas. Hay un segundo de libertad entre mis manos y me boca, que no desaprovecho y beso y siento y toco el punto exacto donde más caliente tienes el cuerpo. No lo veo, pero sé que tu cabeza ahora está entre tus manos, sobre la pared de cerámica, y entre tu boca tu dedo, mordiendo un poco para no gritar, que es lo que hemos querido siempre. El agua me atosiga, emerge de tu espalda, no me importa beberla, con mis manos te atraigo, te jalo hacia mí, para besarte el alma. Me estoy muriendo por todos los poros, mis ojos inyectados en sangre me hacen sentir que lloro aunque no estoy triste, en mi espalda también corre agua, la siento descender hasta mi miembro que llora. Te beso, te huelo, te lamo, la espalda, la pierna, la nalga, te aprisiono, eres mío, siempre, para siempre, desde siempre.

Me separo, jadeo. Respiro con dificultad y miro hacia arriba entrecerrando los ojos para verte, te giras un poco, mi miras con una sonrisa de complicidad. Te devuelvo la sonrisa. Ahora sí tengo ganas de llorar, porque te quiero.

Terminas de girarte. Frente a mí tu otra personalidad me señala, me llama, me dice también yo te quiero. Pero no quiero mirar porque no respondo. Observo mejor tu pecho mojado, tu cara de travieso. No quiero hablar, pero lo hago:

—Lo que tengo que hacer para que sonrías— digo y me levanto.
No continuará...creo

domingo, 14 de marzo de 2010

DF



El otro día fuimos a la Cd de México. Lo dijeron en una película (rudo y cursi) que hasta el mountro más horrible tiene su encanto. Y sí, santa fé tiene encanto. Pero eso de estar en una sala de juntas en una reunión de... ¿negocios? y ver un edificio enfrente donde no son oficinas sino departamentos, con señoras bañándose, no se me hace como que cuadre.

Pero es que así es el hacinamiento en la ciudad más grande del mundo.

No hay donde estacionarse, el negocio de los "vine viene" está incontrolado. No hay ley, no hay reglas. La regla es no dejarse. Acelerar y que el otro se espere. El que llega gana.

Ya viví año y medio en esta ciudad tremenda. Y hay gente que la adora. Yo, en lo personal, pienso que sería encantadoramente bella la ciudad sin al menos 10 millones de personas de los 28 que tiene.

Como sea, se le tiene que conocer, transitar, y terminar por odiar, porque así es el Distrito Federal, la Ciudad de México, capital de la República. La llamaron Ciudad de la Esperanza.

Pues eso, te quedarías toda la vida esperando.

No me gustaría volver y estar subido en el auto, como ya muchas veces me ha pasado, cuatro horas esperando llegar a la casa.



domingo, 7 de marzo de 2010

Es martes. 8 de la noche

Me toco las nalgas, los bolsillos y el pecho buscando las llaves. No traigo las llaves, pero qué bueno estoy, digo en voz baja. Pero no las traigo. Toco la puerta de madera que ha de tener 20 años de vida. Dentro se escuchaba cold play antes de que hubiera llamado, luego la música es interrumpida abruptamente y unos segundos después se gira la perilla y la puerta es abierta unos centímetros por los que se asoman tus ojos. Intuyo que llevas el pecho descubierto, razón por la cual asomas únicamente la cara. Luego te apartas un poco y terminas de abrirla para dejarme pasar.

—¿Tus llaves? —preguntas con un tono más bien molesto.

—Las olvidé en el auto. Y me dio güeva regresar—. Me encamino decidido hacia el comedor, pero me detengo al ver que estás casi desnudo, a no ser por la toalla que apenas cubre tu intimidad dejando al descubierto tu muslo y la parte prominente de tu vientre. La sostienes con la mano izquierda sobre tu cadera.

—Me estaba metiendo a bañar —dices cerrando la puerta. Luego te encaminas pisando curiosamente la baldosa fría del suelo, sin apoyar completamente los pies descalzos. Y pasas a un lado de mí casi con prisa. O eso es lo que me parece. Estoy a punto de decirte que uses sandalias pero me callo y lo que hago es bajar rápidamente el portafolio que aún pende de mi mano e ir detrás te di. Con mi mano te detengo del estómago cuando ya me das completamente la espalda. Te detienes y bajas la cabeza. No sé cómo interpretarlo. Pienso que quizá no estás en un buen momento, pero no me importa. Me acerco y siento tus nalgas sobre mis piernas. Acerco mi boca a la parte de atrás de tu cuello. Lo beso y luego, necesidad imperante, huelo tu cabello. Hay una mezcla de jabón neutro, tu perfume que tanto te gusta y que a mí no tanto, y smog y sudor. Pero lo huelo porque eso eres tú justo antes de bañarte. Luego eres otra cosa.

Paso mis manos por debajo de tus brazos con dificultad. Tu mano aún sostiene la toalla. Pero logro llegar mis dedos hasta tus tetillas, que acaricio con los pulgares. Siento cómo se erigen angustiadas, preparadas para defenderse. Dos piedritas blandas como migajón que no me canso de sentir entre mis dedos. Muero por girarte y llevar mi lengua hasta ellas. Pero me abstengo. Huelo tu cuello, muerdo tu hombro. Giras la cabeza buscando mis labios, te beso la mejilla cubierta parcialmente por vello facial que lejos de picarme me hace pensar cuando me recuesto en el pasto. Cualquier tarde de campo. También tu mejilla la huelo. Giras tu cuerpo y quedas de frente a mí. Mis manos libres buscan tu cuello y con mis dedos te levanto la cara. Tu mano se libera y arroja la toalla a un lado. No quiero desviar mi mirada a ese punto oscuro que me jala como gravedad. Me sumerjo en tu mirada fría que no me baja la temperatura. ME llega tu aliento imperfecto y medio dulzón, y un escalofrío me recorre la espalda. Te jalo hacia mí obligándote a dar un paso sin quererlo. Y siento el contacto en mi entrepierna de tu sexo erguido. Cierro los ojos, rozo tus labios con los míos. La regla es no besarme, la regla, lo sabes, es dejar que los lama. Y lo hago. Bajo mis manos y me encuentro con el punto exacto donde la espalda cambia de nombre. Esto es insoportable. Me muerdes el labio inferior.

—¿Me invitas a bañarme? —te digo con el labio aprisionado. Tu respuesta no la entiendo, tengo los ojos cerrados y apenas, sin decir nada, mueves la cabeza. Pero no importa, yo ya me estoy desvistiendo. Y me apartas y te giras y caminas. Dos segundos nada más, antes de perderte en el pasillo, alcanzo a ver tu espalda desnuda, tus glúteos cubiertos por una capa suave de peluza y tus piernas fuertes. Se me va el aliento.

dc
Continuará...La segunda parte no apta para menores y para heterosexuales jaja...