Últimamente en las películas de pornografía se aprecia que no lo recortan, y eso me parece muy sensual. Es grato mirarse en el espejo desnudo, a pesar de que la figura que regresa el cristal opaco no sea la de uno de esos actores que poco se esfuerzan en parecer jardineros o fontaneros. Y que sin embargo realizan el papel a la mar de bien. Cuando se trata, claro, de actuar las fantasías que más de alguno tiene con algo de eso. Además de que casi a nadie se le presenta la oportunidad de estar en casa esperando el servicio a domicilio para alguna reparación del hogar. Eso se da mucho con las amas de casa, pero en este país y con estos sueldos difícilmente se puede esperar que el llegado tenga el tiempo y, sobretodo, el cuerpo que muestran los filmes.
Si se me diera a escoger entre un jardinero, un eléctrico, un fontanero y un vendedor de enciclopedias yo escogería a los cuatro.
Jardinero.- Le muestro el jardín trasero haciéndolo pasar por el interior de la casa y no por el pasillo de servicio, para que se sienta en confianza. Le explico lo que hay que hacer y le advierto que estaré en la recámara. Que si gusta agua la puede tomar del frigorífico (para beber, por supuesto). Y que, posiblemente, debido al calor, me dé un baño.
Eléctrico.- Más sencillo todavía. Probablemente la falla esté en la sala o en la cocina, donde más artefactos eléctricos pueden ser sensibles a las descargas eléctricas. Le sugiero que después de revisar la instalación corrobore que todos los interruptores de la casa están en perfectas condiciones. Que mientras él trabaja yo me daré un baño. Ojalá no tenga manías de tomar lo ajeno y me desilusione.
Fontanero.- Si no es la cocina, es el baño de la recámara. Mira cómo ando, no he podido terminar de desnudarme y bañarme, pero si no es problema lo puedo hacer, si no interfiere con tu trabajo. Si es necesario que cierres la válvula principal, no importa. Yo estaré esperando semidesnudo. Es que hace mucho calor.
Pintor.- Ya sé que era un vendedor, pero a ése no le puedo decir que me venda mientras me baño, aunque podríamos sentarnos muy juntos en el love sit, como sea lo cambiamos por alguna reparación en muro o techo. Ojalá tenga escalera. Y ojalá venga sólo. Se trata de una fantasía, de modo que deberá venir sólo y en mangas de camisa. Ya subido en la escalera le diré que mientras él trabaja yo estaré en la recámara dándome un baño. Que me gustaría que revisara toda la losa a fin de identificar si tengo manchas por goteras.
Todos.- Uno por uno, claro. Estoy en la recámara (para el fontanero no hubo necesidad no quedarme sin la ducha), Me he dado un baño lo más aprisa posible. Sin descuidar la limpieza de los punto vulnerables. Me anudo una toalla a la cintura y me alboroto el cabello. Salgo a inspeccionar el avance. Para entonces algún reporte se habrá elaborado. Ya sea eléctrico, fontanero o pintor, recorreré a su lado las observaciones que me haga. Debajo de mi toalla se aprecia un bultito que al poco crece, aunque lo oculto. O más bien hago como que oculto pero consigo que su mirada advierta un poco de lo que me pasa. Es normal, los dos lo sabemos, sin cosas que pasan sin sentido. Aunque en este caso todo tiene sentido. Con excepción del jardinero, los otros tres pasan a mi habitación. Uno cada día diferente, eso es obvio. Mientras me sigue hablando yo me dirijo al tocador y dejo caer mi toalla. Por el espejo observo sus movimientos. Hay un momento, antes de calzarme los calzoncillos, en que desvío mi mirada para que pueda ver a gusto mi espalda y lo que ella conlleva. Y lo hace.
Luego, instintivamente, con la mano en la que no lleva pinzas, brocha o lija, se acomoda el miembro que se despierta debajo de su mezclilla.